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El Duelo. Fases y acompañamiento

El duelo es una experiencia por la que pasamos constantemente, ya sea porque lo sufrimos en carne propia o porque acompañamos a otras personas en este proceso; con mucha frecuencia, cuando se trata de acompañar a otros nos sentimos perdidos e incómodos. Personalmente creo que en la incapacidad para vivir los duelos tenemos una de las principales causas de infelicidad de nuestra sociedad. Dependiendo del punto de vista podrá argumentarse que ya no disponemos de tiempo para ello, o que ya no nos concedemos permiso para recorrer sus etapas a nuestro ritmo.

Vivimos absorbidos por una vorágine de estímulos en la que somos muchos los que obedecemos al lema del carpe diem. Este signos de nuestros tiempos hace que todos los sentimientos asociados al duelo se queden guardaditos en el fondo de nuestro ser, saliendo más tarde o más temprano en forma de ansiedad, insomnio, depresión o diversas somatizaciones. El propósito de este breve artículo es proporcionar ciertas pautas que nos permitan estar preparados para afrontarlo.

El duelo constituye un proceso natural que puede definirse como “una reacción emocional ante la pérdida de algo que es importante para nosotros”. Es una reacción normal y necesaria, que empuja a cada persona a adaptarse a vivir sin eso que ha perdido. El desencadenante puede encontrarse en la muerte de un ser querido, en la ruptura de una relación, o en la pérdida de un trabajo. El duelo también puede surgir ante cambios vitales tan importantes como una enfermedad crónica o la pérdida de alguna función biológica.

Las cinco fases del duelo

  • Fase 1: negación, desconcierto, aturdimiento, embotamiento. Esta etapa del duelo suele ser breve (horas, días), y funciona como un mecanismo de defensa. Negamos lo ocurrido con la intención de darnos más tiempo para ir procesando la pérdida.
  • Fase 2: enfado o ira, sentimiento de injusticia, desesperación. Las verbalizaciones más frecuentes son: “Esto es imposible”, “Esto no puede estar pasando”, “Seguro que es un error”.
  • Fase 3: negociación. Seguimos resistiéndonos a la pérdida: “quizá necesite un tiempo” “por que no me morí yo en vez de…”
  • Fase 4: tristeza profunda, sentimiento de ausencia, autoabandono. En esta fase ya somos conscientes del vacío que ha dejado la pérdida. Una vez que nos hayamos enfrentado a la realidad aparecerán emociones intensas, como pena, dolor, miedo, ira, culpa y resentimiento. Esa ira puede dirigirse hacia uno mismo, hacia los demás, incluso hacia el ser querido por habernos abandonado. Aparecen síntomas depresivos como la apatía y el desinterés, tristeza sostenida, soledad, fragilidad física y falta de objetivos. Nos sentimos como si la vida nunca fuera a mejorar o a tener sentido sin la presencia del ausente.
  • Fase 5: reorganización, recuperación. Llegamos a esta fase cuando comenzamos a recuperar la fe en la vida. Entonces aceptamos la realidad de la pérdida y nuestra confianza en la vida va restableciéndose lentamente. El duelo no se ha ido del todo y continúa influyéndonos, aunque ya no está en la primera línea de nuestras experiencias vitales.
    Estas fases no son ni lineales ni universales, porque cada persona lleva su propio proceso de duelo. Las fases suelen ser comunes, pero en ningún caso resultan “obligadas”. De hecho, el duelo real se parece más a una montaña rusa de emociones que a una lista de etapas ordenadas.

Cómo sostenerte en tu duelo

· Evita manejar tus emociones por medio de las drogas, el alcohol, la comida o el trabajo. Las adicciones sólo te alejan de tus emociones.

· Date tiempo. No te presiones. No pienses: “ya debería haber superado esto”.

· Habla con otras personas. Pasa tiempo con tus seres queridos.

· Cuídate. Haz ejercicio, duerme y come bien.

· Únete a un grupo de apoyo.

· Evita conservar las pertenencias del fallecido tal y como este las dejó. Deshazte o dona sus cosas cuando estés preparado, y hazlo en compañía.

· No realices cambios radicales en tu estilo de vida. Las viejas rutinas pueden proporcionarte estabilidad.

El acompañamiento. Qué hacer y qué no hacer

Sé paciente con los sentimientos del doliente. Lo más importante es estar allí con él para mostrarle tu apoyo y cariño sin juzgarlo.

Ofrece ayuda práctica. Durante el proceso de duelo las tareas cotidianas pueden volverse abrumadoras.

No minimices la pérdida. Evita decirle al doliente cómo debería sentirse o actuar tras la muerte de un ser querido.

No hagas hincapié en su aspecto externo.

Evita decir frases tales como: “Se te ve muy bien” o “¡Qué fuertes eres!”, ya que estas palabras pueden presionar al doliente, haciendo que dé importancia a mantener la apariencia y ocultar sus emociones.

Permanece alerta para reconocer las señales de advertencia. Es importante que observes si los síntomas propios del duelo desaparecen o empeoran con el tiempo, ya que esto puede darnos señales de que un duelo normal se ha convertido en patológico. Acompaña al doliente en la búsqueda de ayuda profesional si observas que persiste su dificultad para continuar con la rutina diaria, si descuida su higiene personal, si muestra una obsesión constante con la muerte, un exceso de enojo o culpa, si abusa del alcohol o las drogas, o si padece aislamiento, entre otras manifestaciones.

Marta Clemente

Psicoterapeuta Humanista y Corporal. Hipnóloga.
www.sairi.es

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